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Cómo actuar ante un ataque de ansiedad de alguien

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Cómo actuar ante un ataque de ansiedad de alguien

Sensación de angustia, ahogo, respiración acelerada o incluso pensar que se va a morir son sólo algunos de sus síntomas de un ataque de ansiedad. Conocer cómo afecta y cómo gestionarlo ayuda a superar estos episodios.

Cómo se siente una persona que sufre un ataque de ansiedad

Sufrir un episodio grave de ansiedad no es nada agradable. Para la persona que sufre un ataque de ansiedad (también denominado crisis de ansiedad, crisis de pánico o crisis de angustia) supone sentir de repente una avalancha de malestar y miedo intensos, llegando a alcanzar su máximo de intensidad en pocos minutos.

Los ataques de ansiedad pueden surgir en cualquier momento, incluso en estados de calma; y pueden llegar a durar hasta 45 minutos desde que alcanza su máxima intensidad. Una vez ha trascurrido el ataque, la persona puede volver a su estado previo de quietud o calma, o, en otras situaciones, incluso se llega a mantener un estado moderado de ansiedad.

Si nunca se ha sufrido un ataque de ansiedad, la primera vez que ocurre suele dar mucha impresión, ya que se llega a temer por la propia vida. Sin embargo, aunque parezca algo terrorífico, en realidad se trata de un estado de angustia descontrolada que puede ser gestionada si se dispone de las herramientas adecuadas.

Antes de comenzar, creo que es interesante conocer cuáles son sus síntomas, ya que en muchas ocasiones los ataques de ansiedad se confunden con infartos de miocardio u otras enfermedades, como trastornos respiratorios o problemas de tiroides. Si conocemos hasta qué nivel nos puede afectar, podremos actuar de un modo eficaz ante nosotros mismos o hacia la persona que lo está vivenciando.

Síntomas de un ataque de ansiedad

Los síntomas y signos que suelen presentarse en un ataque de ansiedad suelen ser físicos y pensamientos irracionales acompañados de una intensa sensación de ansiedad.

Entre ellos podemos encontrar:

  • Nerviosismo, agitación o tensión.
  • Aumento de la frecuencia cardiaca.
  • Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe, llegando incluso a pensar que se va a morir.
  • Hiperventilación o respiración acelerada.
  • Sensación de ahogo o dificultad para respirar, llegando a confundirse con un ataque de asma.
  • Presión en el pecho (puede llegar a parecer un infarto al corazón).
  • Sudoración.
  • Hormigueo en las manos, rostro o cualquier otra parte del cuerpo.
  • Sensación de debilidad y cansancio.
  • Temblores.
  • Dolor de cabeza.
  • Ganas de vomitar o problemas gastrointestinales.
  • Sensación de calor o escalofríos.
  • Aturdimiento, mareo o sensación de desmayo.
  • Dificultad para concentrarse o pensar en otra cosa que no sea la situación crítica que se está viviendo.
  • Sensación de irrealidad (desrealización) o verse en tercera persona (despersonalización).
  • Miedo a perder el control o “volverse loco”.

Normalmente, al sufrir un episodio con estas características, las personas que lo sufren desarrollan una inquietud continua ante la posibilidad de que el ataque de ansiedad se repita. Por eso, llegan incluso a realizar conductas evitativas (evitando aquello que creen que les puede producir el episodio) y a modificar sus hábitos con el objetivo de evadir a toda costa sufrir un ataque de ansiedad.

Debido a esto, muchas personas que lo padecen llegan a desarrollar otro tipo de patologías, como pueden ser la agorafobia o la depresión.

¿Qué puedo hacer ante un ataque de ansiedad?

Aminorar la respiración ansiosa

Una vez que se ha confirmado que la persona que tenemos delante está sufriendo un ataque de ansiedad, lo más importante es intentar reducir su sintomatología más crítica. Se recomienda empezar por aminorar su respiración ansiosa. Recordemos que la respiración es la base de la autorregulación corporal, por lo que, si minimizamos esa hiperventilación o respiración acelerada, estaremos facilitando el camino.

Hablar pausadamente a esta persona

Debemos tener en cuenta si la persona que tenemos en frente es alguien de nuestro círculo cercano o no. Si conocemos a la persona, tendremos más facilidad en ayudarle ya que existe una confianza previa. Si no es así, es importante producir esa confianza con la persona. Puedes acercarte y hablarle con voz lenta y pausada, presentarte y decirle algo así como “Estás sufriendo un ataque de ansiedad. Sé que lo estás pasando muy mal, pero dentro un rato se habrá pasado. Voy a ayudarte ¿vale? Venga… respira conmigo… así… poco a poco… muy bien… lo estás haciendo genial”.

Coger de la mano si lo acepta

Incluso puedes preguntarle si le puedes coger de la mano. El contacto físico ayuda mucho en estas situaciones; pero no debes dar por sentado que la persona quiere ser tocada. Pregúntale siempre antes.

Volviendo a la respiración, puedes ayudar a la persona con una bolsa de papel. Indícale que inspire por la nariz, llenando su abdomen, y expire por la boca, de modo que la bolsa se llene.

Distracción de su atención

Una vez hemos reducido un poco su respiración ansiosa, es momento de distraer su atención hacia otra cosa que no sea el ataque de ansiedad. Debemos tener en cuenta que la persona que vivencia una crisis de ansiedad está focalizada en lo que le está sucediendo, de modo que retroalimenta sus síntomas inconscientemente. Puedes pedirle que repita una tarea simple, como contar hasta 10 o que te diga que está viendo en ese momento (por ejemplo, si estamos en una casa, que te diga que muebles hay en la habitación y de qué color son).

Estás técnicas de control de pensamiento son muy útiles y eficaces ante las crisis de ansiedad. Si no se te ocurre ninguna, utiliza tu imaginación, pero siempre teniendo en cuenta que sean tareas sencillas que le permitan distraerse en otra cosa.

Lugar y posición más cómodos

Si la situación lo permite, busca un espacio tranquilo, en el cual la persona se pueda tumbar y ponerse cómoda. Esto normalmente se consigue si se ha disminuido la ansiedad sufrida, ya que al principio el ataque de ansiedad impide que la persona se distraiga de lo que está sucediendo; y, por lo tanto, que tenga dificultad para moverse o realizar alguna tarea concreta. Una vez la persona se ha puesto cómoda, puedes poner música relajante para seguir minimizando su sintomatología hasta alcanzar unos niveles mínimos de ansiedad.

Repítela que está sufriendo un ataque de ansiedad, que no va a morir

Es conveniente que durante todo este proceso repitas a la persona que tienes enfrente que está sufriendo un ataque de ansiedad; que no se va a morir; que te tiene a ti para ayudarle; y que no le vas a abandonar ante lo que está sucediendo. Crear confianza y hacerle sentir acompañado y sostenido ante la crisis que esta viviendo es clave para aplacar sus síntomas ansiosos. Es normal que, si es la primera vez que ves a alguien sufriéndolo, te dé cierto susto, pero no debes temer. Por ello, debes confiar en lo que estás haciendo.

Si tú mismo crees que puedes lograrlo, la persona que tienes enfrente también lo hará.

Ayuda profesional para la ansiedad

Por supuesto, esto es el comienzo para poder ayudar a una persona ante un ataque de ansiedad. Es importante recordar que lo que le está pasando es por algo y que será importante pedir ayuda profesional que facilite el manejo emocional y la reducción de la ansiedad. Desde Psynthesis Psicología estamos especializados en el tratamiento de la ansiedad. Nuestros psicólogos te pueden ayudar a conocer su origen y reducirla. ¡No dudes en contactarnos si los necesitas!

¡Nos vemos en el próximo artículo!

Pablo Viñuela

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