¿Conoces los efectos que produce la ansiedad en el ser humano? ¿Cómo podemos saber si padecemos ansiedad? A continuación, te contamos todos aquellos síntomas característicos de la ansiedad.

Ya hemos visto en anteriores publicaciones (“qué es la ansiedad y para qué sirve”) qué es exactamente la ansiedad, los tipos de ansiedad y la función que tiene en nuestro organismo.

Primero explicamos qué es la ansiedad

Resumiendo mucho, la ansiedad es una respuesta emocional y fisiológica natural que aparece ante situaciones que percibimos como amenazantes o estresantes. Sabemos que, aunque la ansiedad es normal en ciertas circunstancias, como un mecanismo de supervivencia, en exceso puede ser perjudicial, dando lugar a trastornos de ansiedad. Y, generalmente, decidimos acudir a consulta porque estos niveles elevados de ansiedad afectan de manera significativa a nuestra vida diaria, interfiriendo en nuestro bienestar y funcionamiento diario habitual.

Sin embargo, por mucho que sepamos la base teórica de la ansiedad, es imprescindible conocer cómo se manifiesta y cuáles son los efectos que produce en el organismo, para así, poder identificar si estamos padeciendo ansiedad y, de este modo, poner en acción medidas para manejar sus efectos.

Los síntomas de la ansiedad pueden ser muy variados

Los síntomas de la ansiedad pueden llegar a ser muy variados, y, dependiendo de la persona, estos oscilarán tanto en el tipo como en la intensidad o frecuencia de los mismos.

La ansiedad es una respuesta muy común ante eventos estresantes de la vida, como ser padre o madre por primera vez, mudarse, conseguir un nuevo empleo o tener problemas económicos.

Asimismo, cuando la propia respuesta de ansiedad es desproporcionada con el evento que la causó, y, a su vez, esta respuesta interfiere en la vida cotidiana, es entonces cuando podríamos hablar de un trastorno de ansiedad.

¿Qué síntomas produce la ansiedad?

Para poder mitigar el trastorno de ansiedad es vital conocer los síntomas que produce, por lo que a continuación te enumero aquellos síntomas más comunes. Como hemos dicho, los síntomas de ansiedad pueden variar de una persona a otra, pero algunos rasgos comunes incluyen sensaciones de nerviosismo, inquietud, fatiga, dificultad para concentrarse, temor y preocupación intensa.

Clasificación de los síntomas de la ansiedad

Síntomas a nivel físico

A nivel físico, las personas ansiosas pueden experimentar palpitaciones, sudoración excesiva, temblores, tensión muscular y dificultad para respirar. Además, es habitual que estas personas experimenten trastornos del sueño y problemas gastrointestinales.

Síntomas a nivel emocional

En el ámbito emocional, la ansiedad puede generar una sensación de desasosiego constante, miedo irracional, irritabilidad y dificultad para concentrarse. Los pensamientos pueden volverse catastróficos y anticipar lo peor en situaciones cotidianas.

Síntomas a nivel conductual

A nivel conductual, las personas con ansiedad pueden evitar ciertas situaciones o lugares que les generen temor, lo que puede afectar negativamente su calidad de vida y relaciones interpersonales.

Enumeración y descripción de los síntomas de la ansiedad

Siendo más concretos, entre los síntomas que se asocian a la ansiedad en algún momento nos encontramos:

Sensaciones de agitación

Cuando el cuerpo cree que percibe un peligro comienza a prepararse para dar una respuesta ante el mismo.

La sensación de agitación es una experiencia común para muchas personas que sufren ansiedad en algún momento de su vida. Esta agitación se refiere a una sensación interna de inquietud y malestar que puede ser difícil de controlar o calmar.

A nivel físico se manifiesta a través de temblores o sacudidas involuntarias de las manos o las piernas, tensión muscular, palpitaciones, sudoración excesiva, respiración rápida y superficial, así como sensación de opresión en el pecho. Estos síntomas están relacionados con la activación del sistema nervioso autónomo, que se prepara para enfrentar una amenaza percibida.

Emocionalmente, la agitación puede manifestarse como una sensación de nerviosismo, intranquilidad e inquietud constante. La persona puede sentirse emocionalmente abrumada y con una intensa necesidad de escapar de la situación que está causando la ansiedad.

A nivel cognitivo, la agitación puede llevar a una mente acelerada y pensamientos desorganizados. La persona puede tener dificultades para concentrarse o tomar decisiones, y puede experimentar una constante anticipación de peligro o catástrofe.

Es importante destacar que cada persona puede experimentar la agitación de manera diferente, y los síntomas pueden variar en intensidad y duración. Si alguien está lidiando con sensaciones persistentes de agitación debido a la ansiedad, es fundamental buscar apoyo y ayuda profesional para aprender técnicas de manejo de la ansiedad y mejorar la calidad de vida.

Preocupación en exceso

La preocupación es una de las principales señales ante un trastorno de ansiedad, y para que se considere relevante debe estar presente la mayoría de días por un periodo de seis meses.

Uno de los principales problemas de la preocupación es que es altamente incapacitante, ya que no da lugar a la concentración o a la ejecución de tareas de manera exitosa.

Siendo breves, la preocupación excesiva se refiere a un patrón persistente y abrumador de preocupaciones y temores que van más allá de las preocupaciones normales y razonables que las personas puedan tener en su vida cotidiana.

En la ansiedad, la preocupación excesiva tiende a ser anticipatoria y centrada en posibles eventos futuros o situaciones que la persona percibe como amenazantes o peligrosas. Estas preocupaciones suelen ser difíciles de controlar y pueden interferir significativamente con el bienestar emocional y el funcionamiento diario.

La persona con preocupación excesiva puede experimentar una serie de síntomas cognitivos, emocionales y físicos.

A nivel cognitivo, pueden tener pensamientos catastróficos y anticipar lo peor en diversas situaciones.

A nivel emocional, pueden sentirse constantemente ansiosos, nerviosos e inseguros.

A nivel físico, los síntomas pueden incluir tensión muscular, palpitaciones, sudoración excesiva y problemas digestivos.

La preocupación excesiva puede ser agotadora y desgastante para la persona que la experimenta, ya que puede afectar a su capacidad para concentrarse, tomar decisiones y disfrutar de actividades cotidianas.

Intranquilidad o nerviosismo

La intranquilidad por si sola no es una señal de que exista un trastorno de ansiedad, pero si es considerada un síntoma si se produce con frecuencia.

Se refiere a una sensación de agitación interna y malestar emocional que puede manifestarse de diferentes maneras en cada individuo.

Este nerviosismo en la ansiedad suele estar relacionado con la activación del sistema nervioso autónomo, que se prepara para enfrentar una situación percibida como amenazante. El cuerpo entra en un estado de alerta, liberando hormonas como la adrenalina que desencadenan respuestas fisiológicas como el aumento de la frecuencia cardíaca, la respiración rápida y superficial, y la tensión muscular.

A nivel emocional, la intranquilidad puede expresarse como una sensación general de incomodidad y una dificultad concentrarse y para relajarse. La persona puede sentirse inquieta, inestable emocionalmente y puede tener una sensación persistente de preocupación sin una razón específica.

Este nerviosismo también puede afectar el comportamiento de la persona. Pueden tener dificultades para quedarse quietos o estar relajados, pueden pasear de un lado a otro, tamborilear con los dedos o tener otros comportamientos repetitivos para liberar la tensión.

Además, el nerviosismo puede estar acompañado de pensamientos acelerados y una sensación de incapacidad para desconectar la mente, lo que puede aumentar aún más la ansiedad y generar una sensación de estar fuera de control.

Dificultad para concentrarse

La ansiedad puede interrumpir procesos atencionales y de la memoria funcional, la cual es responsable de retener la memoria a corto plazo.

Asimismo, la dificultad para concentrarse es uno de los síntomas más comunes en los trastornos de ansiedad.

Cuando una persona está ansiosa, su mente tiende a estar abrumada por pensamientos inquietantes y preocupaciones, lo que puede dificultar el enfoque y la atención en las tareas y actividades cotidianas.

Hay varias razones por las cuales la ansiedad puede afectar la concentración:

  • Hipervigilancia. La ansiedad activa el sistema nervioso, lo que puede llevar a una sensación de alerta constante. Esto puede llevar a una hipervigilancia, donde la persona está en constante búsqueda de posibles amenazas o peligros, lo que distrae su atención de la tarea en cuestión.
  • Preocupación constante. Las personas ansiosas tienden a tener pensamientos catastróficos y anticipar lo peor en diversas situaciones. Esta preocupación constante puede hacer que la mente esté constantemente ocupada con escenarios negativos, dificultando la concentración en el presente.
  • Ansiedad anticipatoria. Antes de enfrentar una situación estresante, como un evento social o una presentación importante, las personas ansiosas pueden experimentar ansiedad anticipatoria. Esta anticipación ansiosa puede consumir su atención y hacer que les resulte difícil concentrarse en otras cosas.
  • Síntomas físicos. Los síntomas físicos de la ansiedad, como la taquicardia y la respiración rápida, también pueden distraer y generar dificultades de concentración.
  • Fatiga mental. La ansiedad puede ser emocionalmente agotadora, lo que lleva a una fatiga mental que afecta la capacidad de mantener el enfoque y la concentración.

Fatiga

Cuando hablamos de fatiga ante un trastorno de ansiedad, esta puede darse o bien después de un ataque de ansiedad, o bien puede ser crónica.

Igualmente, la fatiga no es exclusiva de la ansiedad, ya que otros muchas afecciones producen este efecto, por lo que es necesario descartar otros trastornos de salud. No obstante, la fatiga es un síntoma que puede afectar a muchas personas que experimentan altos niveles de ansiedad de forma crónica.

Existen varias razones por las cuales la ansiedad puede causar fatiga:

  • Desgaste emocional. La ansiedad constante puede ser emocionalmente agotadora. La preocupación excesiva, el nerviosismo y la intranquilidad pueden consumir mucha energía mental, lo que lleva a la fatiga.
  • Dificultad para dormir. La ansiedad puede dificultar el sueño. Las personas ansiosas pueden experimentar dificultades para conciliar el sueño, despertarse frecuentemente durante la noche o tener pesadillas, lo que resulta en una mala calidad del sueño y fatiga diurna.
  • Tensión muscular. La ansiedad puede llevar a la tensión muscular crónica, lo que puede causar molestias y fatiga física.
  • Hipervigilancia. La ansiedad puede hacer que la persona esté en un estado de alerta constante, lo que puede agotar su energía a lo largo del día.
  • Cambios en el apetito. Algunas personas pueden experimentar cambios en el apetito debido a la ansiedad, lo que puede afectar su nivel de energía.

Tensión muscular

La tensión muscular es un síntoma físico común asociado con la ansiedad. Cuando una persona está ansiosa, su sistema nervioso se activa en respuesta a una percepción de amenaza o peligro, lo que puede desencadenar la liberación de hormonas del estrés, como la adrenalina. Esta activación del sistema nervioso puede llevar a una serie de respuestas físicas, incluida la tensión muscular.

Existen varias razones por las cuales la ansiedad puede causar tensión muscular:

  • Respuesta de lucha o huida. La ansiedad activa la respuesta de «lucha o huida» del cuerpo, preparándolo para enfrentar una amenaza. Como parte de esta respuesta, los músculos se tensan para estar listos para actuar rápidamente.
  • Hipervigilancia. La ansiedad puede hacer que la persona esté en un estado de alerta constante, lo que puede llevar a una tensión muscular crónica debido a la activación continua del sistema nervioso.
  • Preocupación y anticipación. La preocupación excesiva y la anticipación constante de situaciones estresantes pueden generar una tensión muscular como una forma de prepararse para lo que la persona percibe como una posible amenaza.
  • Respiración superficial. Durante episodios de ansiedad, las personas tienden a respirar de forma más superficial y rápida, lo que puede afectar la oxigenación de los músculos y contribuir a la tensión.
  • Bruxismo. En algunos casos, la ansiedad puede provocar el hábito de apretar o rechinar los dientes, conocido como bruxismo, lo que puede resultar en tensión y dolor en los músculos de la mandíbula y la cabeza.

La tensión muscular asociada con la ansiedad puede manifestarse en diferentes partes del cuerpo, como el cuello, los hombros, la espalda y la mandíbula. Esta tensión puede ser incómoda e incluso dolorosa, y en algunos casos, puede conducir a dolores musculares y problemas de postura.

Irritabilidad

Según un estudio, más del 90% de las personas con trastorno de ansiedad reportaron padecer irritabilidad durante los momentos críticos de la ansiedad.

La irritabilidad en la ansiedad se refiere a una sensación de frustración, impaciencia, hostilidad o enojo que puede ser desproporcionada en relación con la situación. Las personas ansiosas pueden sentirse más sensibles o reactivas a estímulos externos, lo que puede hacer que se irriten más fácilmente por cosas que normalmente no les afectarían tanto.

Hay varias razones por las cuales la ansiedad puede causar irritabilidad:

  • Sobrecarga emocional. La ansiedad puede ser emocionalmente agotadora, lo que puede llevar a una menor tolerancia a la frustración y una mayor irritabilidad.
  • Dificultad para manejar el estrés. La ansiedad puede dificultar el manejo adecuado del estrés, lo que puede llevar a una mayor irritabilidad como una forma de liberar esa tensión emocional.
  • Dificultades de sueño. La ansiedad puede afectar el sueño, lo que puede contribuir a la irritabilidad diurna debido a la fatiga y el cansancio.
  • Preocupaciones constantes. Las personas ansiosas pueden tener pensamientos persistentes y preocupaciones que pueden hacer que se sientan más irritables debido a la carga mental.
  • Cambios en el sistema nervioso. La activación del sistema nervioso en la ansiedad puede llevar a cambios en los niveles de neurotransmisores y hormonas, lo que puede influir en el estado de ánimo y la irritabilidad.

Es importante reconocer que la irritabilidad en la ansiedad es un síntoma y no un rasgo de personalidad.

Dificultad para descansar o conciliar el sueño

Es común en personas con ansiedad despertarse en mitad de la noche, tardar mucho en conciliar el sueño o sentirse especialmente cansados, como si no hubiesen descansado a pesar de haber dormido.

Los problemas de sueño son una complicación común asociada con la ansiedad. Las personas que experimentan altos niveles de ansiedad pueden tener dificultades para conciliar el sueño, mantenerse dormidas durante la noche o experimentar un sueño de mala calidad. Estos problemas de sueño pueden agravar la ansiedad y crear un ciclo de retroalimentación negativa, ya que la falta de sueño puede aumentar la sensación de ansiedad, y la ansiedad a su vez puede dificultar aún más el sueño.

Algunas de las formas en que la ansiedad puede afectar el sueño son las siguientes:

  • Dificultad para conciliar el sueño. Las personas ansiosas pueden tener problemas para relajarse y calmar su mente antes de acostarse, lo que dificulta conciliar el sueño.
  • Despertares frecuentes durante la noche. La ansiedad puede hacer que una persona se despierte con frecuencia durante la noche debido a pensamientos inquietantes o preocupaciones persistentes.
  • Pesadillas. La ansiedad puede aumentar la frecuencia de pesadillas, lo que puede interrumpir el sueño y generar mayor incomodidad emocional.
  • Sueño ligero y poco reparador. Las personas ansiosas pueden tener un sueño más ligero y menos reparador, lo que puede dejarlas sintiéndose cansadas y agotadas durante el día.
  • Insomnio. El insomnio, que se define como la dificultad para dormir durante al menos tres noches a la semana durante un período prolongado, puede ser un problema persistente para quienes sufren de ansiedad.

Ataques de pánico

Los ataques de pánico son episodios intensos y repentinos de ansiedad que pueden ocurrir de forma inesperada o en respuesta a una situación estresante. Estos ataques están asociados con el trastorno de pánico, que es un tipo de trastorno de ansiedad.

Durante un ataque de pánico, una persona experimenta una abrumadora sensación de miedo y angustia, que alcanza su punto máximo en cuestión de minutos. Los síntomas típicos de un ataque de pánico pueden incluir:

  • Palpitaciones rápidas o fuertes.
  • Sensación de falta de aire o dificultad para respirar.
  • Mareos o sensación de desmayo.
  • Sudoración excesiva.
  • Temblores o sacudidas involuntarias.
  • Sensación de opresión en el pecho.
  • Náuseas o malestar estomacal.
  • Sensación de irrealidad o desconexión de la realidad (llamado despersonalización o desrealización).
  • Miedo a perder el control o volverse loco.
  • Miedo a morir.

Los ataques de pánico pueden ser extremadamente aterradores y desencadenar una intensa respuesta de lucha o huida del cuerpo, incluso cuando no hay una amenaza real presente. La persona que experimenta un ataque de pánico puede sentir que está perdiendo el control o que está a punto de morir, lo que aumenta aún más el nivel de ansiedad.

Es importante destacar que los ataques de pánico no representan un peligro físico real, aunque pueden sentirse extremadamente amenazantes. A pesar de esto, los ataques de pánico pueden afectar significativamente la calidad de vida de una persona, y en algunos casos, pueden llevar a la evitación de ciertos lugares o situaciones para evitar la repetición de los ataques.

Evitación de situaciones sociales

La evitación de situaciones sociales es un comportamiento común en personas que experimentan ansiedad social. El trastorno de ansiedad social, también conocido como fobia social, es un tipo de trastorno de ansiedad en el que la persona siente un miedo intenso y persistente a ser juzgada o evaluada negativamente por los demás en situaciones sociales.

La evitación de situaciones sociales ocurre cuando la persona ansiosa evita o se aleja de situaciones en las que teme sentirse avergonzada, humillada o rechazada. Estas situaciones pueden variar desde hablar en público hasta asistir a reuniones sociales, participar en conversaciones grupales o incluso comer en público.

La evitación de situaciones sociales puede ser perjudicial para la persona porque limita su vida social y puede afectar negativamente sus relaciones interpersonales, su rendimiento laboral o académico, y su bienestar emocional en general. Además, la evitación puede reforzar la creencia errónea de que las situaciones sociales son peligrosas o amenazantes, lo que aumenta aún más la ansiedad en futuras ocasiones.

Algunas razones comunes por las cuales las personas evitan situaciones sociales debido a la ansiedad pueden incluir:

  • Miedo al rechazo. Temor a ser rechazado o no ser aceptado por los demás.
  • Miedo a la evaluación negativa. Preocupación por ser juzgado o criticado negativamente por los demás.
  • Autoconciencia excesiva. Sentirse demasiado consciente de sí mismo y preocupado por lo que otros puedan pensar de su comportamiento.
  • Inseguridad. Sentimientos de baja autoestima o falta de confianza en sí mismo en situaciones sociales.

La evitación de situaciones sociales puede generar un ciclo de retroalimentación negativa: cuanto más se evitan estas situaciones, más difícil puede ser enfrentarlas en el futuro.

Temores irracionales

Los temores irracionales en la ansiedad se refieren a miedos intensos y desproporcionados ante situaciones o estímulos que no representan una amenaza real o son poco probables de ocurrir. Estos temores son característicos de los trastornos de ansiedad y pueden afectar significativamente la vida diaria de una persona.

Las personas con ansiedad pueden experimentar temores irracionales en diferentes áreas de su vida, y estos pueden variar según el tipo de trastorno de ansiedad que presenten. Algunos ejemplos de temores irracionales comunes en la ansiedad incluyen:

  • Miedo a volar en avión, incluso si las estadísticas muestran que es un medio de transporte seguro.
  • Miedo a hablar en público, aunque no haya una amenaza física real al hacerlo.
  • Miedo a los espacios abiertos (agorafobia) o cerrados, aunque no haya un peligro real presente.
  • Miedo a las alturas, a los insectos, a los animales, etc., incluso si no representan un riesgo inmediato.
  • Miedo a situaciones sociales, como hablar con extraños o comer en público, por temor a ser juzgado o rechazado.
  • Miedo a perder el control o volverse loco, aunque no haya ninguna evidencia de ello.
  • Miedo a enfermedades graves o a la muerte, incluso sin síntomas o riesgos reales de enfermedades graves.

Estos temores irracionales pueden ser muy intensos y desencadenar síntomas de ansiedad significativos, como taquicardia, sudoración, temblores y sensación de opresión en el pecho. Además, pueden llevar a la evitación de situaciones o actividades que la persona considera amenazantes, lo que puede limitar su vida diaria y generar angustia.

Es importante destacar que a menudo, estos miedos no se basan en una evaluación objetiva del peligro, sino que son impulsados por pensamientos y creencias distorsionadas asociadas con la ansiedad.

Tratamiento de los síntomas de ansiedad

Si al leer este artículo te has sentido identificado con alguno de los síntomas de la ansiedad, no te preocupes. Como hemos comentado, la ansiedad es necesaria y en justa medida puede ayudarnos a salir de situaciones airosos, por lo que sentir puntualmente sus síntomas no tiene por qué significar que se tiene un trastorno de ansiedad.

Ahora bien, si sientes que últimamente padeces mucha ansiedad, sus efectos cada vez son más mayores y te afectan de manera desproporcionada al motivo que lo ha generado, es posible que necesites ayuda profesional.

El tratamiento de los síntomas de ansiedad generalmente involucra una combinación de enfoques terapéuticos. La terapia cognitivo-conductual (TCC) es efectiva para identificar y cambiar patrones de pensamiento negativos, reduciendo la ansiedad. Las técnicas de relajación, como la meditación y la respiración, ayudan a calmar la mente y el cuerpo. El ejercicio regular y una dieta equilibrada pueden mejorar el bienestar físico y emocional. En algunos casos, se pueden recetar medicamentos, como antidepresivos o ansiolíticos, para reducir los síntomas. El apoyo emocional y la comprensión son esenciales para abordar los síntomas de ansiedad y mejorar la calidad de vida.

En Psynthesis Psicología somos psicólogos especialistas en tratamientos de ansiedad y estaremos encantados de ayudarte a sostener la ansiedad, a ver qué es lo que te produce esos niveles de agitación y proporcionarte herramientas para poder gestionarla y que no interfiera en tu vida.

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