Un ataque de ansiedad suele aparecer de forma súbita: el corazón se acelera, falta aire y surge un miedo intenso a morir o a perder el control. Aunque la sensación es catastrófica, la explicación científica es mucho más sencilla: tu cuerpo está intentando protegerte de un peligro que no existe.

Para entender por qué ocurren, debemos mirar hacia nuestro cerebro primitivo y un mecanismo llamado la respuesta de lucha o huida.

El secuestro de la amígdala

La amígdala es una pequeña estructura en el cerebro que actúa como un detector de humo. Su función es activar la alarma ante una amenaza.

En un ataque de ansiedad, la amígdala sufre un error de interpretación, es decir, detecta una amenaza interna (un pensamiento, un recuerdo o una sensación física) y activa la alarma de emergencia máxima. En ese momento, tu cerebro racional se desconecta y el instinto toma el mando.

La función de la adrenalina y el cortisol

Una vez que la alarma suena, el cerebro ordena a las glándulas suprarrenales liberar una descarga masiva de adrenalina y cortisol. Esto provoca los síntomas que tanto asustan: la taquicardia (tu corazón bombea rápido para enviar sangre a los músculos), hiperventilación (buscas más oxígeno, lo que altera el equilibrio de CO2 en sangre y provoca mareos u hormigueo en las manos) y tensión muscular (tu cuerpo se prepara para correr).

El ciclo del miedo al miedo

¿Por qué se dan a veces cuando estamos tranquilos en el sofá? ¿O durmiendo? ¿O sin que pase nada aparentemente?

Aquí entra los que en psicología conocemos como condicionamiento. Si tu cerebro asocia una sensación (como un leve mareo) con el inicio de un ataque, empezará a vigilar esa sensación constantemente. Esa hipervigilancia mantiene el sistema nervioso en alerta, facilitando que una pequeña molestia dispare un nuevo ataque.

¿Es peligroso un ataque de ansiedad?

A pesar de la intensidad de los síntomas, la respuesta científica es no. Un ataque de ansiedad es una respuesta fisiológica normal ocurriendo en el momento equivocado. Tu corazón está perfectamente sano, solo está haciendo el ejercicio que el cerebro le ha ordenado.

De hecho, el tratamiento para los ataques de ansiedad tiene un éxito muy alto. En terapia trabajamos para tu cerebro aprenda a diferenciar un peligro real y una emoción intensa. No se trata de no sentir ansiedad, sino que la ansiedad no tome las riendas de tu vida.

Tratamiento para la ansiedad

La ansiedad no es una enfermedad que se deba extirpar, sino un sistema de alerta que se ha desajustado. Por eso, el tratamiento profesional no busca que dejes de sentir ansiedad para siempre, sino que tu sistema nervioso aprenda a responder de forma proporcionada a la realidad.

Actualmente, la terapia cognitivo-conductual (TCC) es el tratamiento de referencia por su alta eficacia. A continuación, te cuento las tres dimensiones sobre las que trabajamos en consulta.

Reestructuración cognitiva

La ansiedad se alimenta de pensamientos distorsionados, principalmente la sobreestimación del riesgo y la infravaloración de recursos.

El objetivo de la reestructuración cognitiva es identificar esos pensamientos trampa (como el catastrofismo o la lectura del pensamiento) y someterlos a examen. En lugar de crecer ciegamente que algo malo va a pasar, entrenamos la mente para buscar evidencias y generar alternativas más realistas.

Exposición y habituación

El principal combustible para la ansiedad es la evitación. Cuando evitas algo que te da miedo, el alivio es inmediato, pero el miedo se hace más grande a largo plazo.

En terapia, utilizamos la exposición graduada. El paciente, acompañado por el terapeuta, se acerca poco a poco a las situaciones o sensaciones físicas que teme. Al no huir, el cerebro experimenta la habituación, es decir, descubre que el peligro no ocurre y la ansiedad baja por si sola.

Regulación fisiológica y mindfulness

Como la ansiedad es una respuesta física, el tratamiento incluye enseñar al cuerpo a frenar la activación.

Esto se puede hacer por medio de las técnicas de respiración o por medio del mindfulness. En el primer caso, con las técnicas de respiración lo que hacemos es usar la respiración diafragmática o la relajación muscular progresiva para enviar señales de seguridad al cerebro. Por otro lado, el mindfulness se encarga de entrenar la atención para permanecer en el presente, evitando que la mente viaje constantemente a futuros catastróficos.

¿Medicarse o no?

Es una de las dudas más comunes. Los fármacos son muy útiles cuando tenemos unos niveles de ansiedad tan elevados que no somos capaces de ser funcionales en nuestro día a día. El apoyo de la medicación es útil para reducir los síntomas físicos más agudos y permitir que la persona pueda trabajar en terapia. Sin embargo, la medicación por si sola no enseña herramientas de gestión, y una vez que la retiramos, pueden aparecer los síntomas con la misma intensidad o más.

La terapia proporciona el manual de instrucciones para que, a largo plazo, no tengas que depender de sustancias externas para sentirte seguro.

Si crees que necesitas ayuda para gestionar tu ansiedad, no dudes en contactarnos.

Si crees que puedes necesitar ayuda, en Psynthesis Psicología estamos a tu disposición.

Infórmate sobre nuestros servicios de terapia psicológica

Deja un comentario