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Depresión por muerte de la madre

Depresión por muerte de la madre

Depresión por muerte de la madre

Perder a un ser querido es de las experiencias más dolorosas para el ser humano. Pero, ¿Qué ocurre cuando fallece nuestra madre? ¿Sufrimos la pérdida de la misma manera? En el siguiente artículo hablamos de la depresión y del duelo por la muerte de la madre.

 

El duelo

Desde que somos pequeños vamos aprendiendo el significado de la vida, y en mitad de todo ese puzle de valores, creencias y experiencias, intentamos encajar qué es la muerte, cómo la experimentamos o creemos, en algunos casos, que debemos vivenciarla.

Una cosa que vamos aprendiendo según crecemos es que la muerte forma parte de la vida.

Al morir nuestros abuelos nos vamos preparando para las futuras pérdidas, y al mirar a los ojos de nuestros padres y madres, los cuales han perdido a sus progenitores, entendemos que todo ello forma parte de la vida y que algún día nos tocará a nosotros sentir lo que ellos sintieron en su momento.

Igualmente, el duelo es un reflejo de lo que se ha perdido, y esa pérdida sufrida no atañe un dolor menor sólo porque seamos adultos o nuestros progenitores hayan vivido una larga vida. En el caso de la muerte de la madre, el duelo puede tornarse crítico, ya que nuestra madre fue el primer contacto que tuvimos al nacer; nos amamantó; nos cuidó; nos dio protección; cobijo y calor hasta que pudimos ser adultos y valernos por nosotros mismos.

No es de extrañar ante la muerte de la madre, que haya ocasiones en la que el proceso del duelo no se completa, quedándonos estancados, y propiciando un estado triste y melancólico, el cual, si no se trata y atiende, puede dar lugar a una profunda depresión.

 

Las fases del duelo

Saber afrontar la pérdida de nuestra madre supone saber las diferentes fases del duelo por las que posiblemente transites.

De igual manera, estas fases no debes verlas como módulos aislados, si no como una constante entre sí; y, a su vez, como estados consecutivos. Es decir puedes transitar uno, al día siguiente encontrarte en otra fase y a la semana regresar a la fase previa.

A su vez, debes entender que hay tantas fases como pérdidas, y que no en todos los duelos se vivencian todas las fases. Hay personas que pierden a su madre y no experimentan la ira o la negociación. Si es tu caso, no te preocupes, porque es algo completamente normal.

Asimismo, es importante poder sentir la pérdida, para, de este modo, evitar males mayores, como puede ser padecer una depresión por un duelo.

En cuánto a las fases, podemos encontrar: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

 

Negación

Esta fase depende muchas veces de las circunstancias de la muerte. Hay ocasiones en que nuestra madre fallece tras una larga hospitalización o enfermedad, hecho que prepara a la familia para la muerte venidera; y ,de algún modo, suaviza el duelo por la pérdida.

Sin embargo, cuando la muerte se produce en circunstancias poco previstas, como un ataque al corazón o un accidente de coche, esta fase suele ser la inicial, y se produce como un mecanismo de defensa debido al duro golpe emocional que supone perder a esa persona repentinamente.

 

Ira

En esta fase, las emociones antes eludidas y negadas, ahora se tornan agresivas y hostiles, tanto para uno mismo, como para los demás, incluyendo la persona fallecida, en este caso la madre.

Se suelen buscar culpables para canalizar el enfado; por lo que en esta fase la persona necesita mucho sostén y autocuidado para gestionar las emociones.

 

Negociación

Ante el fallecimiento de la madre, la mente busca alternativas a lo que ha pasado. Se recurre a la fantasía y a la frase “¿Y si…?¿Y si no hubiera dicho esto? ¿Y si hubiera hecho aquello otro?”

Al acudir a estas realidades paralelas, nuestra mente tiene cierta sensación de control, y la carga es menor.

Muchas veces suelen venir a la mente frases como “Si hubiera pasado más tiempo con ella…”, “Si estos últimos años la hubiese llamado más…”. Es decir, aparecen muchas ideas de culpa y deseos de vinculación con la madre.

 

Depresión

Al observar la terrible realidad, la tristeza nos inunda. Ya no hay lugar para la ira o el enfado. Ahora sólo hay vacío, ausencia, soledad. En esta fase sentimos la falta de nuestra madre; ese calorcito que nos daba desde que éramos pequeños; y al darnos cuenta que nunca más volveremos a sentirlo, no encontramos consuelo.

Al padecer el duelo, y concretamente la fase de depresión por la muerte de nuestra madre, es necesario sentir la tristeza, su ausencia, el vacío que ha dejado. No podemos obviar que se ha ido, ni esconder nuestros sentimientos ni emociones, porque si caemos en esa falsa media sonrisa, los que acaban heridos somos nosotros, y seguramente, todas esas emociones de tristeza acaben surgiendo por un lado más oscuro y dañino.

Es normal intentar aparentar que todo va bien o que lo llevamos mejor de lo normal, sobre todo si tenemos hijos pequeños. Queremos dar la sensación de que papá o mamá todo lo puede; no queremos que nos vean llorar o sufrir, pero ahí, el que se hiere a sí mismo eres tú.

Debes entender que normalizar tu tristeza ante tu familia es validar también sus emociones. Llorar está bien. Sentir tristeza está bien. Pedirle a tu hijo o hija que te abrace porque echas de menos a su abuela está bien.

De este modo, no sólo te vas a sentir comprendido, arropado o querido, si no que estás educando a tus hijos en el amor, en el respeto a sí mismos y en la calidez humana.

 

Aceptación

Una vez hemos transitado todas las fases, llegamos a la meta final. La aceptación de la muerte de nuestra madre.

Al llegar a este punto, el futuro no se ve tan oscuro; vuelve la ilusión por hacer ciertos planes; retomamos viejas rutinas; y sentimos que la vida, poco a poco, vuelve a tener el mismo color de siempre.

Obviamente seguirás echando de menos a tu madre, pero lo harás desde un punto diferente. Podrás echar la vista atrás, recordar viejos momentos, mirar fotos antiguas y esbozarás una sonrisa. Porque ya no pesa la muerte ni la ausencia, ahora lo que existe es un agradecimiento hacia la persona que te dio la vida, el primer contacto que tuviste al nacer, la persona que te amamantó, te alimentó, te cuidó, te protegió y dio cobijo y calor.

Tu madre.

Si te está resultando difícil superar el proceso de duelo, en Psynthesis Psicología podemos ayudarte a superarlo de la mejor manera posible. No dudes en ponerte en contacto con nosotros.

 

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