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El duelo. Cuando perdemos a alguien

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El duelo. Cuando perdemos a alguien

El duelo es el proceso de adaptación. Éste permite restablecer el equilibrio personal y familiar que se ha roto con la muerte del ser querido. Resulta especialmente relevante cuando se pierde a alguien muy importante. Sin embargo, pese a ser algo natural, puede suponer un gran dolor, desestructuración o desorganización.

El significado de la muerte varía de unas culturas a otras. Y la naturaleza del duelo y el luto reflejan la influencia del contexto en donde ocurren. Es evidente que las dificultades actuales para enfrentar la pérdida de un ser querido se deben, en parte, a la ausencia de rituales establecidos y patrones estructurados de duelo. Ya no sabemos cómo manejar ese dolor y no queremos saber nada de ello. No obstante, si la muerte no fuese más que dolor, no sería tan difícil el recuperarse. Las personas sólo tendrían que ocuparse de encontrar “especialistas en dolor” para que les diesen algo que calme tan angustiante sentir. Pero la muerte es especialmente difícil. Destruye y desorganiza el mundo personal, en mayor o menor medida, según lo que el fallecido participara de éste.

El duelo es una situación difícil que podemos vivir y superar con el tiempo

Esferas personales afectadas por el duelo

Ese mundo personal, constituido en tres grandes esferas o dimensiones (realidad; sentido de vida; y personalidad), se verá afectado según lo que la persona fallecida participaba en cada uno de ellos y en su totalidad. A mayor compromiso, mayor sensación de destrucción. El efecto en cada una de estas dimensiones puede ser muy diferente en cada persona. E, incluso, en la misma persona según el carácter de la pérdida y la edad en que ésta suceda.

Realidad

De forma súbita, la realidad que sirve como base de todas las acciones, interacciones y expectativas se rompe. El caos se apodera de una realidad que teníamos segura; y, el mundo se ha convertido en un lugar donde puede suceder cualquier cosa.

Sentido de la vida

Si el fallecido era importante para la relación diaria con otros o con el mundo, es probable que el sentido de la vida se fracture o se pierda. Todas las actividades y conversaciones que se tenían con el ser querido; los propósitos del presente; y, los planes para el futuro ya no tienen sentido.

Personalidad

Cuando se convive muchos años con la persona que ha fallecido se llega a tal grado de intimidad que cuando el ser querido fallece se puede entender al superviviente cuando afirma que ha perdido una parte esencial de él mismo que se siente vacío o hueco, extraño o irreal.

La pérdida del sentido de la vida, de la realidad y la fractura de la personalidad obligan temporalmente a compensar el mundo personal. Reconstruir un mundo destruido y recuperar la confianza pueden llegar a ser tareas muy difíciles. Esto significa enfrentarse a la desorganización y a la adaptación a un entorno sin el ser querido.

Pensamientos, sentimientos y conductas durante el duelo

Durante el proceso del duelo se pueden producir una serie de pensamientos, sentimientos y conductas fruto de la pérdida. Éstos, en principio, se pueden considerar normales.

Manifestaciones del duelo

Alteraciones físicas y psicológicas

En los primeros momentos, la persona se enfrenta a un choque inicial producido por la pérdida. Pueden aparecer manifestaciones tanto físicas como psicológicas (vértigos; náuseas; temblor o alguna irregularidad en el ritmo cardiaco; sensación de irrealidad; confusión; rechazo; vacío; tristeza; ansiedad; incredulidad; e incluso la negación de la situación).

Reproches

Otra reacción frecuente es la de hacer reproches a quien acaba de morir (“¿cómo me has hecho esto?”). E, incluso, a veces se siente un cierto alivio por el fallecido (“gracias a Dios ya no sufre más”); unido a un alivio personal (“no creo que hubiese podido resistirlo durante mucho más tiempo”).

Abatimiento

El decaimiento o abatimiento producido por la pena hace que la persona viva replegada sobre sí misma. Desestima todo aquello que pueda alejarle de su preocupación. Nada le interesa ya. Para la persona el mundo está vacío y carece de atractivo. Por este motivo, hasta las acciones más simples pueden significar un esfuerzo desproporcionado. Toda la atención y la energía se concentra en la persona perdida. Cualquier otro asunto o interés parece, por el momento, relegado, dejado de todo.

Problemas de sueño

Se pueden producir alteraciones en el sueño (insomnio, agitación, etc.) que pueden durar algún tiempo. En estos momentos se puede soñar con el ser querido. Además, no es extraño tener la sensación de ver a la persona fallecida, notar su presencia u oír su voz. Estas percepciones pueden ser consecuencia de un sentimiento de anhelo, o de la necesidad de recuperar a la persona perdida.

Miedo a la enfermedad

Un fenómeno muy frecuente es el miedo a contraer la misma enfermedad que acabó con la vida del enfermo. No es de extrañar si, en algún momento, se sienten algunos de los síntomas que tenía el ser querido antes de morir. Esta es una reacción frecuente que expresa los lazos afectivos existentes entre el enfermo y sus familiares.

Sentimientos de culpa

Pueden surgir dudas relativas a la posibilidad de haber mostrado hostilidad; falta de amabilidad; o negligencia que hayan contribuido a la muerte de la persona (sensación de no haberle cuidado lo suficiente, por ejemplo). A ello se suman remordimientos por todo lo que no se hizo cuando vivía el ser amado (expresar sentimientos y muestras de afecto; hablar de temas importantes para ambos…). En el periodo de duelo, algunos familiares pueden tener dudas sobre los tratamientos o sobre las decisiones que fueron tomadas durante la enfermedad de su ser querido. Esto puede llegar generar sentimientos de culpa, rabia, impotencia…

Los sentimientos de culpa pueden deberse al deseo, más o menos consciente, de que el enfermo muriese. Esta idea suele aparecer a causa del agotamiento que supone el cuidado prolongado a estos enfermos.

¿Cuánto dura el duelo?

El dolor por la pérdida de un ser querido no envejece ni desaparece; se adormece y reaparece por momentos. El tiempo no es el que cura ese dolor, sino lo que hacemos con y en ese tiempo.

¿Cuánto dura el duelo?

Mucha gente cree que el duelo deberá estar resuelto al año de la muerte. Para muchos puede ser normal; pero para otros, la recuperación tras la pérdida tarda más tiempo, de 3 a 4 años o, incluso, más. La cantidad de tiempo depende de muchas variables que interfieren y crean distintos patrones: características de la muerte; múltiples obligaciones; disponibilidad de apoyo social; estrategias de afrontamiento y religiosidad; etc.

Los momentos más difíciles del proceso se registran durante el primer y el segundo año. Luego se experimenta un descenso progresivo del malestar emocional. De todos modos, cada persona tiene su propio ritmo y necesita un tiempo distinto de adaptación a su nueva situación.

Hay que dedicar tiempo a sentir esa emoción tan dolorosa de pérdida y expresarla. Uno de los problemas de nuestra sociedad actual es la no expresión de emociones dolorosas. Hay miedo a expresar vulnerabilidad, hablar de lo que es incomodo y puede despertar sufrimiento. Cuando hay una pérdida, rápidamente se medica para que la persona no esté tan triste, para que no sufra… Nos incomoda ver a los demás llorando y prácticamente lo prohibimos (“no le gustaría verte así”, “no llores, esa tristeza se pasará”, etc.). Huir de esta situación, y de las emociones que conlleva no cura, el dolor emocional podemos posponerlo, taparlo, pero nunca evitarlo ya que siempre acaba apareciendo. El no expresar el dolor acarrea consecuencias graves psicosomáticas (dolores de cabeza, gastrointestinales, mareos…), problemas de ansiedad o del estado de ánimo, insomnio, etc.

Pensamos que el tiempo hará que el dolor pase. Pero el tiempo que cura las heridas no es el tiempo en el que suceden las cosas, el tiempo que sana es el que dedico a expresar mi dolor. Hay que poder sentirlo, para poder curarlo.

Si consideras que tienes problemas para sobrellevar el duelo, acude a nuestro psicólogo en Madrid centro para que podamos ayudarte. 

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