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Fases del estrés: alarma, resistencia y agotamiento

Fases del estres alarma, resistencia y agotamiento

Fases del estrés: alarma, resistencia y agotamiento

El estrés no aparece de la noche a la mañana, sino que va desarrollándose a través de una serie de fases. A continuación, te detallamos cuales son las etapas del estrés y sus características.

¿Qué es el estrés?

Las prisas, las tareas pendientes del trabajo, el poco tiempo que disponemos para el ocio o la imposibilidad de conciliar la vida laboral y familiar. Como ya te contamos en este artículo del blog, son muchos los motivos por los que puede aparecer el estrés.

El estilo de vida de la sociedad actual ha propiciado que el estrés sea un fenómeno compartido cada día por más personas, las cuales ven mermadas sus capacidades y su salud física y mental si no disponen del manejo ni de las herramientas adecuadas para su correcta gestión.

El estrés per se no es dañino, ya que gracias a él, disponemos de ese impulso que nos motiva a realizar lo que tenemos que hacer, y, por lo tanto, nos guía a la acción. Este tipo de estrés positivo (o eustrés), por lo tanto, tiene una función adaptativa y va desapareciendo según vayamos resolviendo nuestras “tareas pendientes”.

Sin embargo, existe el estrés negativo (o distrés), el cual, si se mantiene a lo largo del tiempo, puede tener consecuencias muy graves para la salud de la persona que lo padece, como por ejemplo sufrir enfermedades cardiacas, ansiedad o depresión.

¿Cuáles son las fases del estrés?

La respuesta de estrés ante determinada situación pasa por diferentes fases desde su comienzo hasta que alcanza su máximo de intensidad.

Cada una de las siguientes fases detalladas posee una serie de características y reacciones fisiológicas concretas en el organismo, las cuales nos permiten ubicar las diferentes señales de peligro y amenaza.

Fase de alarma

En esta primera etapa, nuestro organismo detecta un estímulo que provoca estrés, comenzando los primeros cambios fisiológicos, emocionales y cognitivos que nos preparan para dar una respuesta de “lucha” o “huida”.

Cuando la persona es consciente de que sus recursos de afrontamiento no son suficientes, es entonces cuando se inicia la fase de alarma, y, por lo tanto, el estrés hace su aparición.

En esta fase se produce liberación de adrenalina, noradrenalina y cortisol hacia distintas partes el cuerpo, traduciéndose en una dilatación de los vasos sanguíneos, aumento de la frecuencia cardiaca y tensión muscular.

Fase de resistencia

En esta etapa nuestro organismo intenta volver al equilibrio debido al inmenso desgaste de energía producido en la primera etapa. Sin embargo, el estímulo estresante no ha desaparecido, por lo que nuestro cuerpo sigue en estado de alerta y, por ende, sigue debilitándose.

Debido al anclaje que existe con el estímulo estresor, la persona que vivencia esta fase tiene menor tolerancia a la frustración, muestra dificultades para conciliar el sueño y la sensación de fatiga y desgaste sigue estando vigente.

Fase de agotamiento

Debido a la exposición prolongada del estrés nuestras reservas de energía se agotan, llegando incluso a producirse un debilitamiento del sistema inmune.

Además, aparecen los síntomas asociados al estrés crónico, y surgen sentimientos de indefensión, enfermedades psicosomáticas, infelicidad, cuadros depresivos, ansiedad, abuso de sustancias o adicciones.

Consecuencias del estrés negativo

Existen cinco consecuencias que surgen a raíz del estrés negativo o distrés.

Fatiga mental y física

La persona que padece estrés negativo experimenta la aparición de fatiga, una pérdida de la vitalidad que le caracteriza, somnolencia, desmotivación y cansancio.

Un claro ejemplo podríamos encontrarlo cuando realizamos un largo trayecto en coche o al volver a casa del trabajo. Lo único que queremos es descansar y desconectar de lo sucedido.

Desenganche emocional y problemas interpersonales

El mal humor y la irritabilidad caracterizan esta fase.

A esto hay que añadirle que, al encontrarnos de este modo, las relaciones con las personas que nos rodean se vuelven más hostiles, creándose problemas en el ámbito laboral, personal y social. Además, suele ocurrir que la persona estresada prefiera estar sola y encerrarse en sí misma.

Desequilibrio emocional

Al desestabilizarse las relaciones con las personas el entorno, nuestro ambiente se torna tenso e incómodo. Por este motivo el individuo se ve afectado emocionalmente, duda de sí mismo y de sus capacidades. Asimismo, aparecen la culpa, el enfado, la tristeza o la rabia.

Dolencias físicas

Debido a la cronificación del estrés, nuestro cuerpo y mente se ven afectadas. Centrándonos en la parte corporal, aparecen dolores musculares en cervicales, hombros, lumbares o de cabeza.

Enfermedades relacionadas con el estrés

Una vez se ha mantenido el estado de agotamiento y la despersonalización del individuo, la persona comienza a manifestar enfermedades relacionadas con el estrés. Úlceras, colitis, o resfriados son comunes en esta fase, y surgen a raíz del debilitamiento del sistema inmune.

Debemos ser conscientes que, cuanto más perdure el estrés en nuestro organismo, más implacable será, y, por lo tanto, sus consecuencias se agravaran.

Es posible que, a medida que hayas ido leyendo el presente artículo, te hayan venido a la mente situaciones en tu vida cotidiana que te provoquen estrés. Uno de los motivos más frecuentes por los que acuden a nuestra consulta personas que padecen estrés es debido a la relación entre estrés y ámbito laboral. Por ello, te recomendamos leer este artículo de nuestra web dónde te damos pautas para poder gestionar el estrés laboral.

Igualmente, si sientes que el estrés te está superando y no sabes qué hacer, puedes ponerte en contacto con nosotros.

Desde Psynthesis Psicología nos ponemos a tu servicio para tratar ese estrés negativo que te está afectando, darte apoyo y herramientas ante esta situación que te supera, y, en definitiva, ayudarte a encontrar de nuevo el equilibrio en tu salud física y mental.

¡Nos vemos en el próximo artículo!

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