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¿Qué es normal? Un recorrido histórico por la psicopatología

psicopatología

¿Qué es normal? Un recorrido histórico por la psicopatología

El concepto de normalidad en psicopatología ha ido variando a lo largo de la historia. Desde el chamanismo hasta la farmacología actual, han sido muchas las definiciones dadas para este concepto. Hoy haremos un recorrido histórico de este concepto.

¿Qué es normal?

Sin duda, tenemos muy claro que es lo que consideramos normal. Sin embargo, poder definir esto, nos resulta difícil. Esto es debido a que, lo que para una cultura es normal, puede no serlo para otra. La mayor parte de las veces, definimos la normalidad a partir de su contrario. Es decir, decimos que es anormal todo aquello que consideramos diferente. Pero ¡ojo!, hay que tener en cuenta que lo anormal es lo que consideramos indeseable. Cuando nos encontramos ante una persona con un talento especial (como podría ser la música o el arte, por ejemplo), no lo vemos como psicopatología; ni como algo anormal. En estos casos hablamos de algo excepcional, de un don. Cuando hablamos de anormalidad, en realidad nos referimos a todo aquello que no queremos ser. Es más, es todo lo que deberíamos ser.

¿Qué es la conducta normal?

Al igual que tenemos una idea de la salud física, valoramos a la gente según una idea de salud mental. Es por esto que decidimos que los que se desvían de esa idea están mentalmente trastornados o enfermos. Y como los vemos diferentes, muchas veces, los trastornos mentales se estigmatizan.

Durante miles de años, se ha tratado de explicar y controlar psicopatología, pero las explicaciones siempre han sido consecuencia de las teorías populares de la época.

Un poco de historia

Durante buena parte de la historia, se ha considerado que la conducta desviada no es más que un reflejo de la lucha entre el bien y el mal. Cuando se encontraban ante personas con un comportamiento raro o que no sabían explicar, se consideraba como obra del mal. Durante el siglo XIV, por ejemplo, las autoridades religiosas y laicas sustentaron las supersticiones populares. A raíz de esto, la sociedad comenzó a creer en el poder de los demonios y hechiceras. Las personas comenzaron a recurrir a la magia y a la hechicería para resolver sus problemas. Durante esta época, la conducta extraña de las personas con un trastorno mental era vista como obra del demonio o de brujas. Así, se concluía que cualquier problema o catástrofe ocurrida en el pueblo, sucedía como consecuencia de estas personas. Y por ello, eran tratados a través de exorcismos. Si éstos no funcionaban, se pensaba que era necesario dar ciertos pasos para volver el cuerpo inhabitable a los espíritus y cómo consecuencia muchas personas eran encerradas, azotadas o torturadas.

Explicaciones y teorías psicopatológicas

A pesar de la cultura general, las explicaciones para la psicopatología no se centran simplemente en lo sobrenatural. De hecho, desde antiguo, se han buscado causas físicas para los trastornos mentales.

Hipócrates

En concreto una de las teorías más importantes fue la presentada por el médico griego Hipócrates (padre de la medicina moderna). En ella sugiere que los trastornos psicológicos se pueden tratar igual que cualquier enfermedad física. Consideraba que los trastornos mentales podrían tener por causa una patología o traumatismo cerebral. Además, también podían verse influidos por la herencia, es decir, podían ser genéticos. Hipócrates defendía que el cerebro era la sede de la voluntad, la conciencia, la inteligencia y las emociones. Y, además, reconoció la importancia de las contribuciones psicológicas e interpersonales en la psicopatología, como pueden ser los efectos negativos de la tensión familiar o el estrés laboral.

Teoría de Hipócrates y Galeno

Galeno

Más tarde, el médico romano Galeno, adoptó las ideas de Hipócrates. De esta manera, se deja uno de los legados más interesantes e influyentes del planteamiento hipocrático-galénico: la teoría de los temperamentos. Según esta teoría, todas las cosas son combinaciones de cuatro elementos básicos; a saber: tierra, aire, fuego y agua. Las cualidades de estos elementos se hallan en los cuatro humores (fluidos) correspondientes que afectan al funcionamiento del cuerpo (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra). Esos humores, influyen en nuestras emociones y nuestra conducta, dando lugar a nuestro temperamento. El desequilibrio de los humores causa problemas de temperamento. Por tanto, restaurando su equilibrio, el médico podía curar los problemas emocionales y de conducta.

¿Y después? Importancia del contexto social

A lo largo de la historia, el planteamiento hipocrático-galénico ha sufrido altibajos. Sin embargo durante el siglo XX, se renueva el interés de lo biológico como causa de la psicopatología. Por consiguiente, el desarrollo de nuevos tratamientos.

No obstante, junto a estos dos enfoques (sobrenatural y biológico), nos encontramos con un tercero, en el que se considera que el desarrollo psicológico tanto normal, como anormal, se encuentra dentro de un contexto social e interpersonal.

Durante la primera mitad del siglo XVIII hubo una aproximación psicosocial a los trastornos mentales, llamada terapia moral (entendiendo moral como emocional). El objetivo de este tratamiento era dar una atención más natural (y no tan estigmatizada) de la psicopatología. Así se proporcionaba a la persona muchas oportunidades de contacto interpersonal y social apropiados. Los pacientes que sufrían trastornos psicológicos fueron liberados de sus cadenas y, tras la caza de brujas, persecuciones y torturas, comenzaron a tener un trato más humanitario.

Sin embargo, no es hasta el siglo XX, cuando surgen varias escuelas de pensamiento muy diferentes, que pretenden estudiar el origen, mantenimiento y tratamiento de la psicopatología (psicoanálisis; conductismo; humanismo; gestalt…).

En la actualidad

A lo largo de los siglos, se ha podido ver que anormalidad y psicopatología han sido considerados sinónimos. Sin embargo, en la actualidad podemos entender que los elementos que constituyen la mayor parte de las psicopatologías se hallan presentes en la normalidad. Sin embargo constituyen una exacerbación, por exceso o por defecto de esa normalidad.

Hoy en día, debemos ser cautelosos en considerar las enfermedades mentales como un comportamiento anormal. Todavía hay mucho que estudiar y aprender sobre la patología mental. No obstante, es muy probable, que a menos que haya una causa física como una lesión cerebral, los trastornos mentales no deban ser considerados como una enfermedad o algo anormal, si no que deberíamos hablar de “problemas para vivir”, que aparecen como consecuencia de nuestra forma de afrontar una ruptura amorosa, complicaciones laborales o el fallecimiento de un ser querido.

Como psicólogos en Madrid, sabemos que al fin y al cabo nuestra creencia de lo que es normal o anormal va cambiando a lo largo de la historia y la cultura. De hecho, no hacemos más que movernos en un continuo en el que los extremos siempre son considerados como algo negativo.

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