Trastorno de pánico

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Trastorno de pánico

El trastorno de pánico es una de las problemáticas más frecuentes que se pueden ver en la práctica clínica. Es el trastorno de ansiedad por el que más gente consulta. El diagnóstico de este trastorno se establece a partir de la existencia de ataques de pánico.

Ataques de pánico

El término “ataque de pánico” suele emplearse para denominar la aparición brusca de un intenso miedo acompañado de síntomas fisiológicos. Más concretamente, se define como un episodio de intenso miedo en el que aparecen algunos de los siguientes síntomas: palpitaciones; sudoración; temblor; dificultad en la respiración; sensación de atragantarse; dolor o molestias en el pecho; nauseas; mareos o sensación de desmayo; sensación de irrealidad o sentirse separado de sí mismo; miedo a perder el control o volverse loco; miedo a morir; sensación de hormigueo; escalofríos o sofocos. Estos síntomas no aparecen en todas las personas que sufren un ataque de pánico. Es decir, cada persona es diferente, algunas presentan unos síntomas, y otras personas otros; incluso una misma persona que ha sufrido varios ataques de pánico ha podido presentar síntomas diferentes en cada uno de ellos o de diferente intensidad.

Síntomas del trastorno de pánico

El pánico, como cualquier comportamiento, tiene tres niveles o elementos que se interrelacionan continuamente. De este modo encontramos tres tipos de respuestas: cognitivas, fisiológicas y motoras.

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Respuestas cognitivas

Incluyen los pensamientos e imágenes que aparecen en el momento que se sufre un ataque de pánico. El contenido común de estos pensamientos es la absoluta certeza de que algo terrible va a ocurrir inminentemente. (“Me va a dar un ataque al corazón”; “me voy a ahogar”; “voy a desmayarme”; “me muero”; “voy a perder el control”; “me estoy volviendo loco”, etc.). Estos pensamientos catastróficos son también pensamientos automáticos. Es decir, aparecen sin desearlo, cuando se encuentra en una determinada situación y al ser automáticos, los creen directamente, se acepta su veracidad sin cuestionar que es posible que no sean tan ciertos como parecen.

Respuestas fisiológicas

Incluye todas las sensaciones físicas que se notan durante un ataque: mareo; aumento de la respiración; sensación de asfixia; visión borrosa; tensión muscular; dolor en el pecho; sensación de irrealidad; sudor; hormigueo; entumecimiento y perdida de sensibilidad en diferentes partes del cuerpo; calambres; flojedad en las piernas; sequedad de boca y sensaciones en el estómago. Lo característico del pánico es que la intensidad de estas sensaciones es muy elevada llegando a ser realmente perturbadora. Además, parece que aparecen bruscamente, sin previo aviso.

Respuestas motoras

Incluye lo que hacemos durante el pánico. El objetivo de este tipo de conductas va encaminado a buscar seguridad y reducir el pánico, eliminando los pensamientos catastróficos y las sensaciones fisiológicas.

Cuando una persona sufre un ataque de pánico, la reacción natural es realizar conductas de “búsqueda de seguridad”: ir al médico; tomar fármacos; volver a casa; llamar a un amigo o cualquier otra conducta que reduzca el malestar que está sufriendo. Esto es lo que conocemos como conductas de escape ya que la persona intenta “escapar” de la situación o del malestar. A medida que el problema crece y el miedo aumenta, aparte de conductas de escape, la persona desarrolla lo que conocemos como conductas de evitación. Consisten en no afrontar las situaciones o actividades que la persona cree que le van a provocar pánico. De este modo, se suelen evitar situaciones como estar a solas en casa, viajar en transporte público, ir al cine, hacer colas, etc. Asimismo, se evitan realizar determinadas actividades como beber alcohol, hacer deporte o esfuerzos fiscos, tener relaciones sexuales, comer determinados alimentos, etc.

Estas conductas de escape y evitación pueden llegar ser muy sutiles: sentarse cerca de la salida en sitios públicos, llevar siempre un psicofármaco en el bolsillo, abrir ventanas en transportes públicos o realizar actividades distractoras.

¿Por qué aparece y se mantiene el trastorno de pánico?

Son varios los factores cuya interacción puede explicar el surgimiento de este trastorno: influencia genética; estilo educativo sobreprotector; características personales (elevada ansiedad general, estrategias ineficaces para afrontar el estrés, etc.); ocurrencia de eventos estresantes (conflictos interpersonales, divorcio/separación, muerte o enfermedad de personas significativas, etc.) y proceso de atribución errónea o condicionamiento supersticioso.

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El mantenimiento de un trastorno de pánico se puede explicar, a su vez, por distintos factores. Principalmente, esto se debe a la influencia recíproca que se establece entre la activación fisiológica y la interpretación que se hace de la misma en términos de peligro y ansiedad. La emoción de ansiedad o pánico facilita el empleo de conductas de escape con el fin de prevenir los supuestos peligros. Estas conductas producen un alivio inmediato y promueven las interpretaciones de amenaza.

Es importante destacar que la activación fisiológica que puede ser interpretada de manera catastrófica y da lugar a la ansiedad o pánico es producida no sólo por encontrarse en las situaciones temidas, sino también por otra amplia variedad de factores como el estrés, ira, fatiga, problemas médicos, drogas, etc. Además, diversas variables mediadoras influyen en que dicha activación sea interpretada de modo más o menos amenazante.

Para reducir esta activación temida, la persona intentará evitar o reducir en la medida de lo posible aquellos factores que puedan producirla. De esta forma, las conductas defensivas y de evitación tienen una serie de consecuencias reforzantes que contribuyen a su mantenimiento.

Tipos de trastorno de pánico

Un fenómeno muy común en los pacientes con trastornos de pánico, es lo que se conoce como ansiedad anticipatoria. Este término es equivalente al concepto de “miedo al miedo” y tiene dos significados. Por un lado, hace referencia a la fuerte preocupación por experimentar un ataque de pánico o una fuerte ansiedad debido a las consecuencias que puede tener; y por otro, hace referencia a la expectativa o anticipación de que ocurrirá un ataque de pánico o una fuerte ansiedad o preocupación sobre cuándo ocurrirá el siguiente ataque.

Algunos pacientes con trastorno de pánico desarrollan este miedo anticipatorio a nuevos ataques de pánico inesperados. Sin embargo, la mayoría, asocian la ansiedad anticipatoria a estímulos externos, es decir, a situaciones o lugares donde el escape es difícil o embarazoso, o donde resultaría imposible recibir asistencia en caso de que ocurriese un ataque de pánico. Estos últimos pacientes desarrollan conductas de evitación más o menos graves a dichas situaciones (evitación agorafóbica): estar solo fuera de casa, estar en lugares concurridos, estar en espacios cerrados, viajar en transportes públicos, etc. El miedo a tales estímulos acompañado de evitación es lo que se conoce como agorafobia. De este modo podemos hablar de trastorno de pánico con o sin agorafobia.

Trastorno de pánico sin agorafobia

Se exige que haya habido ataques de pánico inesperados recurrentes; y que, al menos uno de los ataques haya ido seguido de preocupación persistente a cerca de tener nuevos ataques, preocupación acerca de las consecuencias del ataque y un cambio comportamental significativo relacionado con los ataques

Trastorno de pánico con agorafobia

Las características son iguales al anterior, sin embargo existe agorafobia, o lo que es lo mismo, un miedo a estar en situaciones de las cuales pueda ser difícil o embarazoso escapar o en los cuales pueda no disponerse ayuda en el caso de tener un ataque de pánico o síntomas similares a los del pánico. Como consecuencia, la persona evita las situaciones temidas, las soporta con gran ansiedad o necesita ser acompañada. Este segundo es mucho más incapacitante para la persona que si no existe agorafobia.

Dra. Blanca Fernández Tobar

Directora de Psynthesis Psicología y Desarrollo Personal

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