La discapacidad intelectual es un trastorno del neurodesarrollo que afecta tanto al funcionamiento intelectual como al funcionamiento adaptativo. Puede influir en la capacidad de una persona para aprender, resolver problemas, comunicarse y desenvolverse de manera autónoma en las actividades de la vida cotidiana.
Sin embargo, hablar de discapacidad intelectual únicamente en términos de inteligencia baja resulta insuficiente. Para realizar un diagnóstico adecuado es necesario valorar cómo funciona la persona en su vida diaria, qué apoyos necesita y cuáles son sus fortalezas.
Además, no todas las personas con discapacidad intelectual presentan las mismas dificultades. Existe una gran diversidad de perfiles y necesidades.
¿Qué es la discapacidad intelectual?
El DSM-5-TR incluye la discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo intelectual) dentro de los trastornos del neurodesarrollo.
El diagnóstico se basa en tres elementos fundamentales:
- Dificultades en el funcionamiento intelectual.
- Dificultades en el funcionamiento adaptativo.
- Inicio durante el periodo del desarrollo.
El funcionamiento intelectual incluye capacidades como el razonamiento, la resolución de problemas, la planificación, el pensamiento abstracto, el aprendizaje y la capacidad para aprender de la experiencia.
Pero una puntuación de CI por sí sola no determina el diagnóstico.
Es necesario estudiar también cómo la persona se desenvuelve en su vida cotidiana.
¿Qué síntomas o características presenta?
Las manifestaciones dependen de la gravedad y del perfil individual, pero pueden aparecer dificultades en diferentes áreas.
Dificultades cognitivas
Pueden existir problemas para:
- Aprender información nueva.
- Resolver problemas.
- Comprender conceptos abstractos.
- Planificar.
- Generalizar lo aprendido a situaciones diferentes.
- Aprender de determinadas experiencias.
- Adaptarse a situaciones nuevas.
Esto no significa que la persona no pueda aprender.
Al contrario, muchas personas con discapacidad intelectual adquieren nuevas habilidades cuando reciben apoyos adecuados y adaptados a sus necesidades.
Dificultades en el funcionamiento adaptativo
Esta es una parte fundamental del diagnóstico. El funcionamiento adaptativo hace referencia a cómo la persona se desenvuelve en las actividades necesarias para su vida diaria.
El DSM-5-TR contempla tres grandes dominios:
- Conceptual: lenguaje, lectura, escritura, matemáticas, conocimiento y memoria.
- Social: comunicación, relaciones interpersonales, comprensión de situaciones sociales y juicio social.
- Práctico: autonomía, higiene, organización, manejo del dinero, desplazamientos, actividades domésticas y laborales.
Una persona puede tener dificultades importantes en una de estas áreas y desenvolverse relativamente bien en otras.
Por eso es necesario analizar el funcionamiento de manera individualizada.
¿Existen diferentes grados de discapacidad intelectual?
Sí. El DSM-5-TR establece cuatro niveles de gravedad:
- Leve.
- Moderada.
- Grave.
- Profunda.
Una diferencia importante respecto a clasificaciones anteriores es que la gravedad se determina principalmente a partir del funcionamiento adaptativo, y no únicamente del cociente intelectual. Esto tiene mucho sentido desde el punto de vista clínico. Dos personas pueden obtener puntuaciones intelectuales similares y, sin embargo, necesitar niveles de apoyo muy diferentes en su vida cotidiana.
Discapacidad intelectual leve
En los casos leves, las dificultades pueden pasar desapercibidas durante los primeros años. El niño puede desarrollar el lenguaje y adquirir habilidades básicas, aunque con mayor lentitud.
Las dificultades suelen hacerse más evidentes cuando aumentan las exigencias académicas y sociales.
En la edad adulta, algunas personas pueden alcanzar un grado considerable de autonomía, aunque pueden necesitar apoyo para determinadas tareas complejas, como gestionar cuestiones económicas, trámites administrativos o situaciones sociales poco habituales.
Discapacidad intelectual moderada
Las dificultades cognitivas y adaptativas son más evidentes. Puede ser necesario proporcionar apoyo en diferentes áreas del aprendizaje, la comunicación y la autonomía.
Con los apoyos adecuados, muchas personas pueden desarrollar habilidades funcionales y participar activamente en su entorno familiar, educativo, laboral y social.
Discapacidad intelectual grave y profunda
En estos niveles suelen existir necesidades de apoyo más intensas y generalizadas.
Pueden existir importantes dificultades de comunicación, aprendizaje y autonomía, por lo que la persona puede necesitar asistencia significativa para numerosas actividades de la vida cotidiana. El nivel de apoyo requerido debe determinarse siempre de manera individual.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico requiere una evaluación clínica completa. Una evaluación neuropsicológica puede estudiar el funcionamiento intelectual mediante pruebas estandarizadas que permiten valorar diferentes capacidades cognitivas.
Dependiendo de la edad y del motivo de consulta, pueden evaluarse:
- Comprensión verbal.
- Razonamiento.
- Memoria de trabajo.
- Velocidad de procesamiento.
- Habilidades visuoespaciales.
- Aprendizaje.
- Atención.
- Funciones ejecutivas.
Pero esto es solo una parte de la evaluación. También es necesario valorar el funcionamiento adaptativo.
Para ello pueden utilizarse entrevistas, escalas estandarizadas y la información aportada por familiares, cuidadores, profesores u otras personas que conozcan bien al individuo.
¿Por qué no basta con conocer el CI?
Este es uno de los aspectos más importantes. Una persona puede obtener una puntuación baja en una prueba de inteligencia y no cumplir necesariamente criterios para discapacidad intelectual.
También puede suceder que alguien tenga dificultades cognitivas y, gracias a sus capacidades adaptativas y a los apoyos disponibles, consiga desenvolverse con bastante autonomía.
Por eso, el diagnóstico no puede reducirse a un número. Es necesario integrar la información cognitiva con el funcionamiento adaptativo y la historia del desarrollo.
Cuando existen dudas sobre el desarrollo intelectual o el nivel de autonomía de un niño, adolescente o adulto, una evaluación especializada puede proporcionar información esencial para orientar el diagnóstico y planificar los apoyos más adecuados.
El objetivo final no debería ser únicamente poner una etiqueta, sino comprender a la persona y favorecer al máximo su autonomía, participación y calidad de vida.
