Los trastornos motores forman parte de los trastornos del neurodesarrollo y afectan a la adquisición, coordinación o control de los movimientos. Pueden manifestarse de formas muy diferentes: desde una marcada torpeza para actividades cotidianas hasta movimientos repetitivos o tics.

Aunque algunos de estos problemas son fácilmente visibles, otros pueden pasar desapercibidos durante años. Un niño que se cae con frecuencia, tiene dificultades para escribir o parece especialmente torpe puede estar mostrando algo más que una simple falta de habilidad.

Por eso, cuando las dificultades motoras son persistentes y afectan al funcionamiento cotidiano, es importante realizar una evaluación adecuada.

¿Qué trastornos motores existen?

Dentro de los trastornos del neurodesarrollo, el DSM-5-TR incluye tres grandes grupos de trastornos motores:

  1. Trastorno del desarrollo de la coordinación.
  2. Trastorno de movimientos estereotipados.
  3. Trastornos de tics, entre los que se encuentran el trastorno de Tourette y los trastornos de tics motores o vocales.

Aunque todos afectan al movimiento, no son equivalentes. Cada uno tiene características, evolución y necesidades de evaluación diferentes.

Trastorno del desarrollo de la coordinación

El trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), conocido también en ocasiones como dispraxia, se caracteriza por dificultades significativas para adquirir y ejecutar habilidades motoras coordinadas.

El niño puede parecer especialmente torpe para su edad, realizar movimientos de forma lenta o imprecisa o necesitar mucho más tiempo para aprender determinadas habilidades. Algunas señales frecuentes son:

  • Chocar o tropezar con objetos.
  • Caerse con frecuencia.
  • Tener dificultades para correr, saltar o subir y bajar escaleras.
  • Problemas para montar en bicicleta.
  • Dificultades para atrapar o lanzar una pelota.
  • Escritura lenta o poco fluida.
  • Problemas para utilizar tijeras, cubiertos o utensilios.
  • Dificultades para aprender nuevas habilidades motoras.

No se trata simplemente de que el niño sea malo para el deporte. Las dificultades deben encontrarse por debajo de lo esperado para su edad y afectar de manera significativa a actividades de la vida cotidiana, escolares, laborales o de ocio.

¿Cómo puede afectar al colegio?

El impacto del trastorno del desarrollo de la coordinación puede ser especialmente evidente en el contexto escolar.

La escritura puede requerir un esfuerzo considerable y resultar mucho más lenta que para otros niños. También pueden existir dificultades para utilizar determinados materiales, participar en actividades deportivas o completar tareas que requieren precisión manual. Esto puede provocar que el niño necesite mucho más tiempo para realizar actividades que aparentemente deberían ser sencillas.

En algunos casos, estas dificultades terminan interpretándose erróneamente como falta de interés, poca motivación o falta de esfuerzo.

Trastorno de movimientos estereotipados

Los movimientos estereotipados son movimientos repetitivos que pueden aparecer de forma aparentemente automática o impulsada. Algunos ejemplos son:

  1. Balancearse.
  2. Agitar las manos.
  3. Mover repetidamente los dedos.
  4. Balancear el cuerpo.
  5. Golpearse.
  6. Morderse determinadas partes del cuerpo.

Estos movimientos pueden aparecer especialmente cuando la persona está emocionada, cansada, aburrida o sometida a estrés.

El trastorno se diferencia de los movimientos repetitivos ocasionales porque estos deben producir una interferencia significativa o, en determinados casos, provocar lesiones.

Además, algunos movimientos repetitivos pueden aparecer en niños con un desarrollo normal o en personas con otros trastornos del neurodesarrollo. Por ello, observar un movimiento repetitivo no es suficiente para establecer un diagnóstico.

Trastornos de tics

Los tics son movimientos o vocalizaciones repentinos, rápidos, recurrentes y no rítmicos. Pueden ser motores, vocales o ambos.

Entre los tics motores pueden aparecer:

  1. Parpadeo.
  2. Muecas faciales.
  3. Movimientos de cabeza.
  4. Encogimiento de hombros.

Entre los tics vocales pueden encontrarse:

  • Carraspeo.
  • Tos.
  • Olfateo.
  • Gruñidos.
  • Repetición de determinados sonidos o palabras.

Los tics pueden aumentar o disminuir con el tiempo y variar considerablemente en frecuencia e intensidad.

¿Qué es el síndrome de Tourette?

El trastorno de Tourette se caracteriza por la presencia de múltiples tics motores y al menos un tic vocal, con una duración de al menos un año. Los síntomas comienzan antes de los 18 años.

Es importante señalar que los tics pueden coexistir con otras dificultades, como TDAH, ansiedad o síntomas obsesivo-compulsivos. Por eso, una evaluación completa debe valorar también estas posibles dificultades asociadas.

¿Son frecuentes los trastornos motores?

La prevalencia depende considerablemente del trastorno concreto.

El trastorno del desarrollo de la coordinación se considera relativamente frecuente en población infantil, aunque las cifras varían según los criterios y métodos utilizados en los diferentes estudios.

En el caso de los tics, son relativamente habituales durante la infancia y muchos desaparecen o disminuyen con el paso del tiempo. La Asociación Americana de Psiquiatría señala que los tics son frecuentes en la infancia y que tienden a mejorar durante la edad adulta.

En España, sin embargo, no disponemos de un registro epidemiológico nacional que permita establecer una cifra única y actualizada para el conjunto de los trastornos motores. Además, los datos sanitarios registrados no equivalen necesariamente a la prevalencia real en la población.

Por este motivo, es preferible hablar de estimaciones específicas para cada trastorno y evitar presentar una única cifra como si representara a todos los trastornos motores.

¿Cuándo debería preocuparnos una dificultad motora?

No todos los niños desarrollan las habilidades motoras al mismo ritmo. La preocupación aumenta cuando las dificultades son persistentes, claramente superiores a las esperables para la edad y tienen consecuencias en la vida cotidiana.

Por ejemplo, puede ser recomendable consultar cuando un niño:

  • Tiene muchas dificultades para aprender habilidades motoras.
  • Presenta una torpeza muy marcada.
  • Tiene problemas importantes con la escritura.
  • Evita actividades físicas porque le resultan especialmente difíciles.
  • Tiene dificultades persistentes para utilizar objetos cotidianos.
  • Presenta movimientos repetitivos que interfieren con sus actividades.
  • Tiene tics frecuentes o que generan malestar.

La valoración también es importante cuando las dificultades están afectando a la autoestima, las relaciones sociales o la participación escolar.

¿Por qué es importante una evaluación adecuada?

Las dificultades motoras pueden tener diferentes causas. Un niño que presenta problemas para escribir puede tener dificultades de coordinación, pero también pueden existir problemas visuales, atencionales, cognitivos o de aprendizaje.

Del mismo modo, un movimiento repetitivo puede corresponder a un tic, una estereotipia u otra conducta que requiere una interpretación diferente.

Por eso, no es suficiente identificar una conducta aislada.

¿Cómo se evalúan los trastornos motores?

La evaluación dependerá del motivo de consulta y del trastorno que se sospeche. Puede ser necesario valorar:

  • Desarrollo motor.
  • Coordinación motora fina y gruesa.
  • Velocidad y precisión de los movimientos.
  • Habilidades visomotoras.
  • Atención.
  • Funciones ejecutivas.
  • Aprendizaje.
  • Funcionamiento académico.
  • Actividades de la vida cotidiana.

En el caso de los tics, es especialmente importante conocer cuándo aparecen, cuánto duran, con qué frecuencia se producen y cómo evolucionan.

También puede ser necesario descartar causas neurológicas o médicas cuando las características del caso lo indiquen.

La evaluación puede requerir la colaboración de diferentes profesionales, como neuropsicología, psicología, neurología, pediatría, terapia ocupacional o fisioterapia.

La importancia de detectar las dificultades

Una identificación adecuada permite comprender que determinadas dificultades no son necesariamente consecuencia de falta de esfuerzo. Un niño que tarda mucho en escribir puede estar realizando un esfuerzo considerable para controlar sus movimientos. Otro que evita los deportes puede haber aprendido que estas actividades le resultan especialmente difíciles.

Comprender el origen de las dificultades permite adaptar mejor las demandas y establecer estrategias de apoyo. Además, una evaluación no debería centrarse únicamente en los déficits. También debe identificar las capacidades y fortalezas del niño, para construir una intervención individualizada.

Una evaluación neuropsicológica especializada, complementada cuando sea necesario con una valoración médica, logopédica, de terapia ocupacional o fisioterapéutica, permite comprender mejor el perfil del niño y determinar qué necesidades presenta.

El objetivo no es únicamente poner un diagnóstico, sino entender qué está dificultando su desarrollo y qué puede ayudarle a desenvolverse con mayor autonomía y confianza.

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